martes, 16 de julio de 2013

Mira que había pasado veces por esa calle. Pero a tu lado, yo que sé, parecía hasta bonita. Y no precisamente por esos árboles de alrededor, ni porque fueran las 7 de la mañana y estuviera empezando a amanecer. A lo mejor fue por aquel autobús que tuve que estar esperando más de media hora solo para recibir tus "¡Buenos días pequeña!" y un beso de esos que despiertan a cualquiera. Pero no te voy a contar más cuentos, si este beso me despertaba, el próximo posiblemente me podría hacer resucitar, o no. Y ese banco por el que pasaba todas las mañanas ya no me parecía uno cualquiera porque lo estaba compartiendo contigo. Y no me hables de sonrisas tímidas, porque te he regalado más de una. Que luego soy de las típicas que van gritando y haciendo el tonto cuando están con sus amigos, pero contigo era todo más cuidado. Más bonito. Fui feliz ese día, ¿sabes?

Pero decidiste que era hora de marcharse. No sé por qué no quisiste despedirte. Soltaste un "nos vemos" sin un te quiero ni nada. Pensé de verdad que nos veríamos. Pero tú ya no quisiste. Te cansaste y sin motivos. Quizás. O a lo mejor es que nunca te gustó esa calle.