miércoles, 13 de agosto de 2014

Escribo a quién

Vino casi sin preguntar y casi sin parar a saludar. 
Cogió sus canciones y se las llevó con sus cuerdas.
Y cantaba tan bonito que casi sólo lo podía escuchar yo.
Como cuando quieres conocerlo todo y te quedas solo con una cuarta parte. 
Pero impresiona, y ojalá impresionara más, y viniera sonriendo y me dijera que le encanta mirar las nubes.
Pero duele, un poco, cuando adora otra forma de caminar, y otras ojeras. (Que sin ojeras la vida empieza a no tener sentido y a dormirse mucho, pero con muchas ojeras empieza a cansar.)
Pero le duele, y sin hacer nada, y acaba escribiendo por no pegar puñetazos, acaba cantando por no gritar, acaba.
Y ojalá empezara de nuevo.

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