sábado, 18 de octubre de 2014

No son los ángeles. Soy yo. Es mi piano que no suena y las veces que he dejado la cama sin hacer.
Mi desastre y mis orejas sin pendientes. Mis ojos tristes. Son mis idas y venidas. Mis altavoces. Que no grito. Que no escribo. Que no estoy. Los charcos de agua no me gustan si no puedo pisarlos. Me gustan los barcos. Y los aviones. Aunque me mareen y se me escapen. Como se me escapa siempre todo. Como se me escapa la vida entre las manos. Como se me escapan los sueños de la almohada. Y como no me escapo yo que -siempre- estoy sujeta por las manos a algo que no me presta sus brazos. A alguien que no me mira, ni lo intenta. Y yo no quiero pintarme los labios, ni los ojos, no quiero ponerme tacones, pero quiero bailar. Sola, ballet, aunque sin flexibilidad, sin parecer bonita, pisándome. Pero quiero. ¿Qué quiero?

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